¡QUÉ TRISTE NAVIDAD!INCENDIO DEL MERCADO JUÁREZPor ALFREDO ZAVALA PADILLA

Fue un poco antes de que el amanecer del viernes 24 de diciembre de 1968 se hiciera presente con la claridad del día. Tal vez las 5 y media de la madrugada.

Me despertaron los ruidos que hacían los “cuetes”. El estruendo de muchos, pero muchos cuetes, de tal suerte que parecía que se había iniciado una guerra en Matamoros.

Vivía, en aquel entonces, en una casa ubicada en la calle Victoria entre 5 y 6.

-Me levanté, salí. Impulsivamente empecé a caminar, luego a correr… el ruido era mi guía.
Estaba semioscuro, tomé la calle Sexta hacia el norte, llegué a la calle Abasolo, di vuelta hacia mi izquierda y llegué a la calle 9.
Había muy poca gente. Apenas iban llegando otros curiosos
Vi que el humo en grandes cantidades salía de la esquina norponiente por las calles 9 y Abasolo. Ahí donde el griego Kladiano o Gladiano vendía sabrosas aguas frescas de zarzaparrilla. Tal vez no fue ahí el inicio del incendio o a la mejor sí, pero el caso es que llegué por ese lugar.
-Decían que el fuego se había iniciado al estallar cuetes que estaban almacenados para su venta con motivo de la fiesta navideña-.
Casi enseguida, los bomberos hicieron su arribo. Al frente iba el comandante JUVENTINO GARCÍA, apoyado por el subcomandante ALMANZOR DE LA GARZA, sin faltar el “MUDITO” y demás esforzados elementos.
Ahora, al humo se unieron las llamas. Los gritos de Juventino dando órdenes. Los bomberos obedeciendo. Tomé una manguera: -No la vayas a doblar; se revienta por la presión, me dijo el comandante.
Otras personas, se unieron a “estorbar”, auxiliar a los bomberos. El comandante no tenía manera de oponerse, pues eran, para entonces, muchos los habían llegado al lugar del incendio y querían ayudar a combatirlo.
Transcurrió el tiempo: El sonar acompasado de sus botas se escuchó, era el paso veloz de un “piquete” de soldados que arribó al lugar. Venían, apenas de la vuelta, el cuartel estaba y está en la calle González entre 8 y 10.
Los soldados se encargaron de impedir el acceso al resto de gente que procedente del pueblo chico llegaba al infierno grande.

Las órdenes dadas con fuertes gritos. El humo. El fuego. Todo hacía que la adrenalina se apoderara de mí. (Ahora, me pregunto: ¿Seré piromaníaco?).
Mi emoción (¡Qué bárbaro! -emocionarme una tragedia así) subió de tono cuando empezaron a llegar los bomberos del otro lado de Brownsville, de Harligen y de San Benito, Texas. Sus relucientes, cromadas y enormes máquinas. Las sirenas… sus uniformes.

Los hidrantes que durante años habían estado sin uso, fueron puestos a funcionar.

Por todos los frentes y mediaciones los bomberos, muchos bomberos combatían el fuego. Lo aislaban en un intento por reducirlo.

El sol, igual que el día de hoy, miércoles 24 de diciembre de 2014, no quiso perderse el espectáculo y también apareció por el lado del mar y rápido se acercó a presenciar el incendio.

El agua corría como ríos. Mucho líquido se requirió para combatir el fuego.

Pero no fue suficiente, faltó el vital líquido.

Sin embargo, el laberinto aquel, (a veces me sueño perdido en su interior) formado con puestos de curiosidades, de joyería, carnicerías, fruterías y todo tipo de negocios terminaron acabados por el fuego.

También fue destruido por el fuego, el valioso reloj que en una torre servía de referencia a todos para saber la hora.

Para entonces ya habían llegado algunos dueños de puestos. Escenas dramáticas, hombres presos de la desesperación y la impotencia lloraban junto a sus hijos y mujeres al ver, como en unos instantes, su patrimonio se había reducido a cenizas.

Aquel día los negocios vecinos no abrieron sus puertas. Por la calle 9 en su esquina con la calle Matamoros El “barquito” donde vendía sus tacos El Mantequilla no alcanzó a llegar. Sus vecinos, abarrotes Casa González, la casa de huéspedes La Aurora, La refresquería Miramar, desaparecieron con el fuego.

Testigos del incendio fueron los negocios adyacentes: por la calle 9 de norte a sur: Las dos Repúblicas, el Restaurante Los Norteños, La Casa del Café, Almacenes La India. Por la Abasolo hacia el poniente: la botica Universal de Don Panchito Ledezma, ni me conocía ni lo conocía, pero así le decían Panchito Ledezma.

Además, la tienda de ropa La Batalla, del señor Lozano, en contraesquina, ya en la calle 10
Vinos y licores Medrano, de Don Lucio Medrano, (papá de Lucio chico, mi compañero de Primaria).

Continuando el recorrido, una farmacia más, luego el Oasis, un bar donde tocaba una marimba. -Al que siendo menor de edad fui varias veces, nunca me corrieron pues sabían que mi presencia se debía a que a mi hermano y a mí nos gustaba escuchar la hermosa música que ahí se tocaba.

Luego estaba una carnicería (La Perla, La Unión) y en la esquina la cantina Zona Libre. Por la calle Matamoros me acuerdo de la cantina El Túnel, propiedad de Nemesio Chavarría, ahí tocaba un conjunto de rock de mi amigo René Izaguirre. Enseguida el café Aldrete, los hijos del dueño, los Aldrete, eran mis amigos. Luego estaba la panificadora Matamoros y en la esquina La licorería, Las Dos Naciones.

Mis amigos Carlos Cazares, Francisco Razo, y otros se quedaron desempleados, pues trabajaban en el mercado, pero qué buen inglés aprendieron. -“Eit Parna, come in” (les decían a los negritos), invitándolos a entrar a comprar al mercado.

Me retiré a eso de las 10 de la mañana o 12 del mediodía. Para entonces todo estaba destruido. De pie sólo algunas paredes de material.

Fue una triste navidad para todo Matamoros.

Escenas tomadas en la esquina de la Nueve y Matamoros que muestran el antes, durante, y después del dantesco incendio del Mercado Juarez en 24 de Diciembre de 1968.

Imágenes cortesía de:

Cronista Heroica Matamoros
Oscar Rivera
Jose Diaz

Publicado por laopiniondematamoros

Soy Reportero Con más de 15 años de estar laborando en diferentes medios de comunicación.

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