(1521-2021)
Capítulo 14
Cuitláhuac, dos o tres años mayor que Motecuzoma, fue tlatoani de Iztapalapan y estuvo preso con Motecuzoma en el palacio de Axayácatl.
Cuando Hernán Cortés regresó de luchar en contra de Pánfilo de Narváez, encontró la ciudad en medio del caos. Los mexicas llevaban alrededor de dos semanas atacando a Pedro de Alvarado y sus soldados, resguardados en el palacio de Axayácatl.
Hernán Cortés le exigió a Motecuzoma que calmara al pueblo, pero ya nadie los escuchaba. Entonces el tlatoani le dijo a Cortés que liberara a Cuitláhuac para que hablara con la gente y abriera el tianguis de Tlatelolco. Hernán Cortés no tuvo otra opción.
No se sabe a ciencia cierta qué hizo Cuitláhuac al salir del palacio de Axayácatl. Tampoco se sabe cuándo fue electo. Es muy probable que haya sido de inmediato y que Motecuzoma haya estado de acuerdo.
Afuera Cuitláhuac se encontró con otra guerra: mexicas asesinando mexicas. Era la primera vez que la ciudad se quedaba sin gobierno. Para el pueblo fue muy difícil asimilarlo. Al principio no sabían qué hacer, pero después de la matanza del Templo Mayor, dejó de importarles el destino del tlatoani y las consecuencias. Además, hay que tomar algo en cuenta: Cortés ordenó que se removieran de la cima del Templo Mayor las figuras de Tezcatlipoca y Huitzilopochtli.
Lo primero que tuvo que hacer Cuitláhuac como tlatoani fue organizar al pueblo. Mejorar las estrategias de guerra, aunque pronto debió comprender que la gente que llevaba un mes y medio combatiendo a los españoles, ya tenía experiencia, Cuitláhuac no.
Poco antes de que muriera Motecuzoma, los españoles intentaron salir de noche escondidos dentro de unos enormes cajones hechos de madera —algo así como un Caballo de Troya— para defenderse de las pedradas y flechas y con aberturas para disparar, en los cuales cabían alrededor de veinticinco hombres. Bernal Díaz del Castillo los llamó torres; Cervantes de Salazar dice que se llamaban burras o mantas; Juan Ginés de Sepúlveda le dice manteletes; y Pedro Mártir de Anglería los nombra tortugas que iban sobre ruedas. El ataque de los mexicas fue tan feroz que los cajones terminaron destrozados y los españoles se vieron obligados a regresar al palacio de Axayácatl.
Días después murió Motecuzoma y los españoles tuvieron que forzar su salida. El 29 de junio, Cortés ordenó que dejaran el cadáver de Motecuzoma en la entrada del palacio de Axayácatl. El plan, al parecer, era aprovechar que los mexicas estarían ocupados con el funeral del tlatoani para salir la noche del 30 de junio.
Esa noche parecía que los mexicas efectivamente estaban ocupados, pero los españoles se llevaron una gran sorpresa, pues los mexicas les tenían preparada una emboscada.
Al salir por la calzada de Tlacopan —de aproximadamente tres kilómetros de longitud—, llevaban un puente de madera para cruzar las siete cortaduras del dique por donde circulaba el agua del lago de un lado a otro. Sobre una yegua llevaban el oro, que Cortés hizo constatar ante notario.
Poco antes de cruzar la tercera cortadura se encontraron con miles de hombres listos para atacarlos. Comenzó el combate. Los mexicas ya no se interesaban por capturar enemigos, sino en matar al que se les pusiera en frente. Los españoles intentaron quitar el puente que estaban utilizando para llevarlo a la siguiente cortadura, pero les fue imposible.
Aquella noche estaba cayendo una tormenta y el fango hizo que el puente se hundiera. Poco a poco el lago se llenó de cadáveres. Se dice que eran tantos que, en determinado momento, las cortaduras del dique estaban llenas de éstos y los españoles podían cruzar sumergiéndose un poco para poner los pies sobre los cadáveres y caminar. Se dice que muchos de los españoles llevaban lingotes de oro entre la ropa y que al caer al agua el peso los hundió y se ahogaron.
La huida de los españoles comenzó alrededor de las once de la noche y se cree que terminó poco antes del amanecer. Esa noche murieron alrededor de ocho mil aztecas (incluyendo mexicas, tlaxcaltecas y demás) y mil trescientos soldados españoles.
Cabe aclarar que no todos eran españoles: había italianos, alemanes, entre otras nacionalidades. Se perdió todo el oro, ochenta caballos y todo lo ganado, por culpa de Pedro de Alvarado. Cortés y alrededor de cuatrocientos hombres huyen rumbo a Tlacopan.

