Al ser electo tlatoani, Cuauhtémoc se mantuvo en Tenochtitlan, evidentemente por su inexperiencia en el campo de batalla. No hay que olvidar que en aquella cultura los gobernantes salían a la guerra.
Pero el tlatoani Cuauhtémoc tenía otra guerra: la interna, la de los miembros de la nobleza que estaban a favor de seguir combatiendo al enemigo y la de los que abogaban por la paz, lo cual resulta verdaderamente sensato: la matanza del Templo mayor, las batallas antes de la huida de los españoles, la viruela, los combates al quedar la isla sitiada y el hambre, razones más que suficientes.
Para quitarse aquel peso de encima, el joven tlatoani mandó matar a todos los detractores, incluyendo al cihuacóatl Tzoacpopocatzin, nieto de Tlacaélel. Finalmente, Cuauhtémoc llevó a los mexicas a un suicidio colectivo.
Los mitos y leyendas han rebasado a la historia y han creado un héroe inexistente, una figura idealizada. Comenzando por su supuesta valentía en las batallas. “Ninguna fuente habla de que Cuauhtémoc interviniera en la lucha o se ocupara de ella, como si fuera el emperador remoto”, escribió Hugh Thomas, en su libro “La Conquista de México”.
Conoce la historia completa en el libro La Conquista de México Tenochtitlan.
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