Cuando era pequeña me encantaba columpiarme en el parque cerca de mi casa
Amaba la sensación de el viento contra mi cara, y de estar subiendo cada vez más alto
Parecía que volaba, y mis problemas se me olvidaban por completo
Conforme fui creciendo dejé de hacerlo, no quería que los demás se burlaran de mi
La gente me veía raro, porque decían que era demasiado infantil
Tal vez porque no viví mi infancia todo lo que hubiera querido
En la primaria me hacían bullying, y cuando entré a secundaria ya era demasiado desconfiada y con cualquier cosa que me dijeran me ponía a la defensiva
Con el tiempo me acostumbré a estar sola
Un día pasé por el parque, y vi los columpios
“No tiene nada de malo” me dije, y decidí subirme
Todo era como antes, la sensación de volar y escapar de los problemas me envolvió, pero luego sentí unas manos en la espalda que me hicieron caer
Aterricé en la tierra, mi rodilla se raspó, me levanté y sentí el columpio golpear mi cabeza, al mirar al frente vi a Laura, una de las chicas que me molestaba de niña, la vi riéndose de como me empujó
Me levanté y me fui a casa
Desde ese momento no volví a subirme a un columpio
Al pasar los años las cosas siguieron igual, todos lo superaron con el tiempo
Yo volvía cada día al parque, pero no podía subir al columpio
Hasta que vi a Laura subir, ella comenzó a columpiarse y la ira me llenó
De un empujón la mandé al suelo, su cabeza se estrelló contra el piso
Cuando se levantó y me vio con la boca abierta sonreí, finalmente me las había cobrado
Ahora ella no puede subirse a los columpios de nuevo, igual que yo, ya que si lo hacemos, la gente se puede asustar de ver que se mueven solos…
